Los cambios sociales, políticos, económicos y ambientales de esta década han hecho destacar, en el contexto general, la problemática de las emergencias y los desastres generando un foco de atención, interés y preocupación por parte de amplios sectores tanto en la dimensión nacional como internacional.
El siglo XXI, por la complejidad de sus variados escenarios, trae aparejadas ciertas dificultades y problemáticas, pero también nuevos retos y desafíos a resolver por los gobiernos nacionales, provinciales y municipales.
Durante la última década se han producido situaciones de emergencias y desastres generadas por fenómenos naturales, incidentes en lugares de masiva concurrencia, interrupción de los servicios básicos de vasto alcance y duración, contaminaciones masivas, entre otras, con dolorosas consecuencias para los damnificados y la comunidad en su conjunto, además de provocar serias crisis locales, nacionales e incluso internacionales, suscitando una preocupación creciente en toda la sociedad. La inquietud ha ido in crescendo debido a que el manejo de las situaciones y su tratamiento en los medios masivos de comunicación pusieron de manifiesto la falta de previsión, planeamiento y escasa profesionalización por parte de los resposanbles directos. Dichas falencias potenciadas por el desempeño de los entes públicos encargados de la regulación y el control.
En este sentido, la interacción del hombre, el ambiente y la tecnología puede contribuir positivamente al desarrollo humano pero, paralelamente, puede producir grandes alteraciones dando lugar a nuevas amenazas. Según Zygmunt Bauman, sociólogo británico, nuestras ciudades son metrópolis del miedo, lo cual no deja de ser una paradoja, dado que los núcleos urbanos se construyeron rodeados de murallas y fosos para protegerse de los peligros que venían del exterior. Lo que Sloterdijk llamó “la ciudad amurallada” hoy ya no es un refugio, sino es una la fuente esencial de los peligros.
Nos hemos convertido en ciudadanos “adictos a la seguridad” pero siempre inseguros de ella, lo aceptamos como si fuera lógico, o al menos inevitable, hasta tal punto que, en opinión de Bauman, contribuimos a “normalizar el estado de emergencia”.
El miedo es más temible cuando es difuso, disperso, poco claro; cuando flota libre, sin vínculos, sin anclas, sin hogar ni causa nítidos; cuando nos rodea; cuando la amenaza que deberíamos temer puede ser entrevista en todas partes, pero resulta imposible situarla en un lugar concreto. "Miedo" es el nombre que damos a nuestra incertidumbre: a nuestra ignorancia con respecto al peligro, sosteniendo que es poco lo que podemos hacer para prevenirlo o mitigarlo.
Desde este punto de vista, los desastres generados por fenómenos naturales o provocados por el hombre, generan la necesidad de planificar, en función de las distintas hipótesis de riesgo, estrategias de prevención, mitigación e intervención para la protección de todos los ciudadanos.
Hechos tales como: |
Necesitan un cambio de paradigma a nivel mundial en la concepción y abordaje de las emergencias y/o desastres. En este sentido, los organismos gubernamentales tienen un rol central en el diseño e implementación de políticas públicas de emergencia de prevención, mitigación, preparación y formación de profesionales.
Es en este marco, que la Universidad Nacional de Tres de Febrero y el Gobierno de Ciudad Autónoma de Buenos Aires establece una alianza estratégica para la formación de profesionales acordes a la complejidad de este contexto, apoyados en nuevas tecnologías de la comunicación e información. A través de la creación de una carrera de especialización en protección civil y emergencias se tenderá a la valorización de un nuevo perfil profesional, capacitado para la toma decisiones en situaciones de crisis, sin perder de vista la perspectiva sistémica de trabajo en equipo.
La Licenciatura en Protección Civil y Emergencias está orientada a satisfacer las demandas sociales, al tiempo que pretende responder a los intereses de una multiplicidad de trabajadores del sector y con expectativas de profesionalizar su práctica. Así, se graduarán profesionales universitarios que lograrán dar un marco científico a su capital cultural proveniente de sus saberes empíricos. |